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História

Tan distintos, tan iguales...

História de: Roberto Salomón Raydan
Autor: Museu da Pessoa
Publicado em: 06/10/2015

Sinopse

Nesta história, Salomón nos conta a respeito de suas descendências árabes e negras, sua infância no interior da Venezuela, o humor de seus pais e irmãos, além de sua mudança para Caracas. Depois, ouvimos sobre sua criação em colégios religiosos de curas e espanhóis, onde frequentemente era castigado. Fala também do clima político imposto pela ditadura militar e de alguns personagens importantes para sua infância. Salomón conta como não perdeu a ternura e se guardou nos livros e na poesia para atravessar esse período de dificuldades. Depois, vemos como foi sua entrada na faculdade de filosofia, suas aventuras de adolescente nos anos da cultura hippie e seu encontro com sua futura esposa. Além disso, Salomón conta a respeito de sua viagem pela América Latina, onde encontrou um misto de medo e de esperança ao longo da jornada. Em seguida, sabemos como fez para morar 6 anos na Inglaterra em pós-graduação, seu interesse por Muhammad Yunnus e a criação de uma rede de micro-crédito para camponeses e necessitados da Venezuela.

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História completa

P - Buenos días, Salomón.

 

R - Hola, buenos días.

 

P - Quería empezar preguntando cual es tu nombre completo, fecha y sitio de nacimiento.

 

R - Yo me llamo Salomón Raydan, nací en Venezuela, en un pueblo llamado Anaco, en el Estado Anzoátegui y nací en el año 1955, 10 de octubre.

 

P - Diez de octubre. ¿E tú poderias decir los nombres de sus padres e que actividad hacían?

 

R - Mi padre se llamaba Pablo Raydan, hijo de inmigrantes árabes, y trabajó muchos años con el gobierno, como un empleado público. Mi madre aun está viva, se llama Carmen Raydan, esa trabajó mucho en la casa, haciendo, cosiendo, haciendo costura para, bueno, ayudar a mantener la familia. Es una mezcla interesante entre un árabe y una, más bien, negra. El lado de mi madre es de origen negro, el lado de mi padre, árabe. Y yo siempre he dicho que es una combinación muy buena (RISAS).

 

P – ¿Y tú poderia hablar un poco más del origen de su familia, de sus abuelos, los conociste?

 

R - A mi abuelo paterno lo conocí muy poco. Era un, nosotros en Venezuela los llamamos "los turcos", porque antes llegaban con pasaportes turcos, aunque era libanés. Llegó a finales del siglo XVIII, no, perdón, del siglo XIX. E, llegó con unos hermanos, huyendo de la situación política en el Líbano, fíjate, tanto años y todavía es igual. Y vivió, se casó con una árabe en Venezuela, la cual sí la conocí, mi abuela materna la conocí muy poco, pero llegué a conocer, y se fueron a vivir hacia la zona occidental, hacia la zona de Zulia, en Venezuela, ahí nació mi padre. Mi padre ni siquiera llegó a hablar árabe, siempre fue muy, muy venezolano. Ahí conoció a mi madre, que era hija de una, a mi abuela materna, la conocí la vi, mucho, fue mi, fue, realmente, una gran guía espiritual en mi vida, porque era una persona con mucho ingenio. Siento que mucho de lo que soy se lo debo a ella, Y mi abuela vivió con nosotros siempre. yo tuve dos mamás; mi mamá y mi abuela, Y por muchos años fue más mi abuela mi mamá, que mi mamá, porque mi mamá trabajaba mucho para poder ayudar en la casa, éramos cinco hermanos y en ese tiempo, estudiar era un valor muy importante y todos estudiábamos, y había que mantener a la familia. Yo me crié en un pueblo, luego mi madre y mi padre se fueron, cuando se casaron, se fueron a vivir al oriente, donde había petróleo, explotación de petróleo, y fueron a trabajar allá. Ahí nacieron mis cuatro hermanos primero, en un pueblo llamado El Tigre, un pueblo petrolero, fue un pueblo que nació al lado del petróleo, luego se mudaron a otro pueblo cerca de donde nací yo, que es Anaco, también otro pueblo petrolero, que surgió, se fue construyendo al lado de los, de los pozos petroleros. Y bueno, vivimos unos años. Yo viví hasta lo seis años allí,  y luego nos fuimos a Caracas, porque no había donde estudiar. Entonces, mi hermano mayor ya iba a la universidad y nos tuvimos que mudar a Caracas para poder, todos, de alguna manera estudiar.

 

P - Mira, ¿isto tú tenías cuantos años?

 

R - Seis, cuando me fui para Caracas.

 

P - Sí. Enton antes de Caracas, ¿tú poderia contar un poco de su niñez, qué los niños hacían, que tú, los juguetes?

 

R - Bueno, mi niñez fue un poco, había mucho ambiente político en Venezuela, porque yo nací en, todavía había dictadura, había un gobierno militar, mis padres eran contrarios a la dictadura, sobretodo mi abuela, era muy contraria a la dictadura, mis tíos fueron perseguidos políticos, y entonces, siempre hubo, el tema político siempre estuvo en mi niñez, siempre. El tema de la, de la, había una, un grupo militar que mandaba, era un general que se llamaba Perez Giménez, y tenía un órgano represivo que se llamaba La Seguridad Nacional. Y yo crecí con miedo a La Seguridad Nacional, porque siempre había una amenaza que podía llegar, y ese ambiente de, de lo político siempre me acompañó, siempre hubo un, una relevancia hacia el tema de lo que pasaba en el país, no solamente lo que pasaba en mi casa. Mi abuela era militante de un partido, que después de mucho después fue un partido muy conservador en Venezuela también que se llamó Acción Democrática, y, bueno, había mucho el, era un partido muy popular y ese sentimiento de popular, ese sentimiento de que, bueno, lo político importaba y que como se manejara el país era importante, siempre estuvo en mi familia. Era una zona muy rural, se jugaba con los juegos típicos venezolanos, las metras, no sé como las llaman ustedes en Brasil. El trompo, que es una cosa que da vuelta y uno lo, con un hilo uno lo lanza.

 

P - Ah, sí, sí, se llama pião.

 

R - El trompo y los papagayos, las cometas. Eran básicamente nuestros juegos. Yo fui el menor de una familia de cinco hermanos y fui un poco protegido por mi madre, porque, bueno, siempre los grandes te pegan, y siempre los grandes pelean, ¿no? (RISAS). Entonces,  de algún modo me protegió bastante, mi mamá. No era el favorito de mi abuela, mi abuela tenía un favorito que era mi hermano Enrique, a quien ella siempre defendía, y era muy tremendo, mi hermano, era terrible, era el que hacía más maldades y tal, pero siempre la abuela lo protegía.

 

P - ¿Cinco varones?

 

R - No, y una hembra, que al final de cuentas también terminó siendo una persona que se defendía mucho de los varones, porque, bueno, crecer con cuatro varones, pero mis hermanos se llevan dos años y yo casi tres. Yo fui un poquito más aislado, más separado de ellos, no, y mi hermano mayor se fue  primero a Caracas. La familia se empezó a dividir un poco. Entonces, yo siento que yo estuve un poco más aislado. Fui el menor y aislado del resto, por lo menos hasta que vivimos ahí, en ese pueblo. Luego en Caracas, sí, ya nos integramos más. Un pueblo petrolero, con grandes desigualdades, porque son pueblos mineros. El pueblo petrolero es un pueblo minero, es un pueblo que surge porque hay petróleo, la gente sólo viene a buscar, no viene a dar, viene con la idea de conseguir la fortuna y luego irse. Eso hace con que se creen pueblos desordenados, con poco amor adonde se vive, con poca pasión por lo que hay allí. Son como buenos pueblos mineros los que obtienen, obtienen grandes riquezas, lo que no obtiene vive muy pobre. Hay esa dualidad muy fuerte en los pueblos porque son pueblos que se van construyendo poco a poco. Entonces, el que consigue un poquito, logra construir una casa ahí, ya tiene bloque, pero los que están llegando nuevo, están empezando de la nada, prácticamente, son, son. Era un pueblo, yo lo recuerdo poco, pero, pueblos muy desordenados. Había los americanos, que tenía la empresa petrolera, con pueblos muy bonitos, muy organizados, donde estaban los trabajadores de petróleo. Eran pueblos limpios, asfaltados, con casas de bloque, jardines, piscinas, club. Y la gente que vivía afuera de eso, este, pues no, tenía pueblos sin asfalto, desordenados y polvorientos, pero bueno, así, así era el pueblo.

 

P - ¿Y tú te vas para Caracas con seis años?

 

R - Seis años.

 

P - ¿Cómo se fue este cambio de un niño de interior y se llega en la capital?,  ¿cómo era la capital en esta época?

 

R - Era fría (RISAS). Caracas era bastante más fría. Era bonita, había, en donde llegamos a vivir, había muchos árboles y  había, yo, nosotros llegamos a vivir en un zona de clase media, pero nosotros no teníamos ingresos de clase media. Entonces, había, habíamos como algunos pobres en la, en la cuadra donde vivíamos, no, y otros,  pues, que tenían, pero era. Recuerdo que la, la casa, donde me crié, tenía piso así, como de esto, de granito, eran fríos. En mi pueblo, no, había mucho calor y entonces, no, no sentía esa sensación de frío. Fui a un colegio de curas, se llamaba La Salle, pero habían dos colegios de cura; un colegio de, de La Salle, donde iban las personas que tenían más dinero y un colegio donde iban los que tenían menos dinero. Yo fui al lo que tenía más dinero, pero no teníamos. Entonces, era difícil, porque tus compañeros tenían mucho y tú tenías poco, pero también recuerdo una cosa muy importante del colegio, es que, en Venezuela y en el pueblo donde yo crecí, era un pueblo con una gran influencia americana, se jugaba al basebol, y los curas que eran españoles jugaban fútbol, y yo no jugaba fútbol. Entonces, no era bien visto que tú no jugaras fútbol, era marginal, porque tú no sabías de fútbol y no era hábil con el balón, mientras que no había basebol, entonces, mis habilidades no podía, no podía mostrarlas. Fue, duré muy poco en ese colegio, porque mi hermano mayor empezó a meterse en política, era un poco de izquierda dentro de un colegio de ricos y de derecha, de la, bueno, de los curas. Entonces, un día hubo una verbena, una fiesta, y mi hermano mayor, junto con otros amigos, pintaron las paredes con consignas marxistas y los botaron, y entonces, los botaron a todos, todos los hermanos (RISAS). Y me quedé poco tiempo en ese colegio. No me gustó nunca, aunque después estudié muchos años con curas, nunca me gustó la educación con los, con los curas. Fui luego a estudiar en un colegio muy cerca de la casa, un colegio de españoles, represivos, que golpeaban.

 

P - ¿Sí?

 

R - Sí. Era un colegio de, en Venezuela mucha de nuestra educación fue llevada o bien por curas o bien por españoles, gente inclusive que salió de la guerra de

España, tuvimos una inmigración fuerte en Venezuela, no, y era un colegio muy pequeño, donde no había áreas para jugar mucho, pero, recuerdo que me castigaban mucho. No me dejaban ir a casa, al mediodía. Una de las cosas por las cuales más me castigaban era que yo tengo problema de dislexia, yo cambio las letras y tampoco hago las letras muy claras, y me golpeaban en las manos, porque no escribía, no tenía bonita letra, no la tengo todavía, nunca la tuve. Y siempre tuve muchos errores ortográficos, todavía y siempre leí mucho, pero cometo muchos errores. Y, pues,  los curas me, ellos no eran curas, pero eran ex-curas. Entonces me castigaban y no me dejaban ir a la casa en el almuerzo. Luego pasó un día muy bonito, que descubrí la poesía también. Era una niña que me gustaba, que era linda, pero no sabía como. Y aprendí una poesía para ella.

 

P - ¿Sí?

 

R - Y fue, fue muy hermoso, porque desde ahí siempre me gustó la poesía y además aprendí el poder seductor de la poesía, que es tremendamente seductora. Esos son de los recuerdos de ese, también un amigo, muy querido, un amigo que siempre me acompaño y se murió hace dos años, es un recuerdo lindo de ese colegio.

 

P - ¿Y cómo era la poesía, te acuerda de los versos?

 

R - Sí, sí, me acuerdo. Decía más o menos "y tu falda pegadita, camina por tu cintura, cretona de mi amargura, calladita y dolorosa".

 

P - ¡Ah!

 

R - "Me gusta por delgadita, sencilla y buena moza, porque debe ser, porque debe ser sabrosa tu boca de cundeamor y sentir el suave sabor del invierno y poma rosa." Bueno, cuántas veces la leí para aprendérmela, un millón (RISAS), pero tuve el valor de decírsela, ¿no? Me la aprendí, se la dije. No me hizo caso, pero yo se la di.

 

P - ¡Qué bueno!

 

R - Es una. También estaba ese amigo, Tulio, un amigo lindo que todavía lo recuerdo con mucho amor y él tenía una abuela que nos cuidaba también, no, nos protegía mucho. Lo otro que había en mi cuadra es que habíamos pobres, habíamos algunos, yo era pobre, pero no tan pobre como otros que habían, sobretodo un muchacho que vivía en un, en un ranchito muy cerca de la casa. Ellos eran varios hermanos y él era mi gran amigo también, lo quería mucho. Él luego murió en una, luego estuvo metido mucho tiempo en droga y lo mataron o se mató en un accidente, pero estuvo en la cárcel, pero, este, él era una persona, bueno, pobre viviendo entre ricos es difícil (RISAS).

 

P - Sí, sí.

 

R - Es difícil. Ay, teníamos un personaje sobre el cual escribí un cuento luego. Era una muchacha que era un varón, ahorita le dirían lesbiana, pero en esa época le decíamos mari macho. Ella era, era campeona en todo, era mejor que todos los varones haciendo todo,  jugaba mejor basebol, este, jugaba mejor trompo, peleaba más que nosotros. Fue un personaje muy importante en mi vida, tanto que años más tarde, escribí un cuento sobre ella, porque me parecía un ser fascinante. Ella usaba faldas, pero el día que cumplió 15 años, se las quitó y nunca más usó, solamente pantalones, ¿no? Era un ser, que, era un, un,  para mí era que nos defendía de la gente de fuera de la cuadra, porque era fuerte y nos defendía, pero también nos asustaba, cuando alguna vez ella se ponía brava, era capaz de pegarnos. Entonces,  era un ser que, tenía muchos estados de ánimo, pasaba de  ser un ser muy bondadoso y de ser un ser protector, a ser un ser agresivo y que nos, nos intimidaba, no, pero esa sensación de protección, de que alguien te cuida, ella nos cuidaba del resto de la, porque cuando vivías en la cuadra, tiene gente de otra cuadra, era una época donde había pandillas, ¿sabe lo que son pandillas?

 

P - Pandillas, no.

 

R - Pandillas es grupos de distintas, en donde vives, hay grupos que pelean entre sí.

 

P - Ah, sí, sí.

 

R - Sí. Entonces, ella era la defensora del grupo nuestro. Y entonces, uno se sentía protegido, porque ella te cuidaba, pero luego si tenía mal humor era capaz de pegarte también o de regañarte a ti. Esa dualidad de un ser protector, pero también un ser castigador estuvo, estuvo siempre presente.

 

P - ¿Cómo era el nombre de ella?

 

R - Ella se llamaba Neli, todavía vive. Tengo muchos años que no la veo, pero mis hermanos sí, la ven, de vez en cuando. Es un ser, fui importante en mi vida, Neli, fue importante, era una. Y yo creo que tiene que ver con esa dualidad de estar protegido, porque la protección es importante en los hombres, pero al mismo tiempo estar intimidado por alguien que es más fuerte.

 

P - Y Salomón, ¿tú descubre muy temprano, entonces, esta cosa de las desigualdades sociales?

 

R - Muy temprano, muy temprano. La historia es también muy linda, porque yo de niño, muy joven, muy joven, empecé a consumir drogas, muy temprano. Y no era droga fuerte, era sobretodo marihuana, en esa época. Y empecé a estar en la calle siempre y andar un poco haciendo travesuras muy cercanas de la delincuencia, no, y pasé prácticamente. Primero era un niño que jugaba al basebol, pero luego empecé a ser un niño que fumaba marihuana, un niño que andaba en la calle. Y llegó un momento en que ya no, no encontraba mucho control para mí. Me huí de la casa, me escapé unos días, pero tendría.

 

P - ¿Cuántos años?

 

R - Trece, catorce años, era muy joven. Y mi hermano, el mayor, era de izquierda. Y yo me fui de la casa y a los dos días él se enteró que yo no estaba en la casa y me fue a buscar. Él tenía un carro, un coche y me fue a buscar, pero yo cargaba marihuana y cuando yo lo vi, que él venía, yo salí corriendo, porque no quería que me viera la marihuana. Entonces, salí corriendo y él se bajó del carro y me persiguió y me agarró. Yo boté la marihuana. Y me llevó a la casa. Y él era el único de nosotros que tenía un cuarto privado. Y él me metió en su cuarto y me dio una paliza, me dio golpes y golpes, tze, (LLORO) pero luego de que me golpeó, él se puso a llorar y para mí fue muy (LLORO) chocante ver que mi hermano mayor que era un tipo que nunca me ponía atención, después de pegarme, llorara. Y eso cambio mi vida, mucho.

 

P - ¿Sí?

 

R - Porque él se iba a vivir a Chile, cuando el gobierno de la Unidad  Popular, entonces, él tenía muchos libros, y me pidió que no saliera unos días y que leyera, y yo me dediqué a leer. (CHORO)

 

P - ¿Sí? Que bueno. Porque estamos hablando é, 70 más o menos.

 

R - Setenta, sería.

 

P - Setenta y uno, ¿no?

 

R - No, fue un poco antes, yo tendría. Ponerle 69, 70. Sí, 70, 71, por ahí debe haber sido, sí.

 

P - ¿Y cual é la carrera de su hermano?

 

R - Mi hermano luego se, estuvo durante el gobierno de la Unidad Popular en Chile, cuando cayó ahí, de lo, lo sacaron del país y luego se fue a Francia y estudio ciencias políticas mi hermano. Ahora es un profesor en la universidad.

 

P - ¿En Caracas?

 

R - En un sitio llamado Barquisimeto, cerca de Caracas.

 

P - Ah, Barquisimeto.

 

R - Sí, pero este momento fue crucial para mi vida, porque ahí empecé a leer. Recuerdo que de las primeras cosas que leí fue La Madre, de...

 

P  - Ah, sí, La Madre. 

 

R - Me impactó mucho. Mi hermano era muy de izquierda y entonces, tenía muchos libros de izquierda. Aprendí a admirar a personajes que tal vez ahora no admiro, pero que en ese momento admiré mucho, ¿no?

 

P - Sí. ¿Qué más libros te encantaron en ese período?

 

R - Bueno, en ese período, muy temprano, empecé a leer mucho libros, Marta Harnecker, empecé a leer. Hice amistad con otra persona que fue importante, que es un escritor boliviano, ahora, se llama Juan Lechin, que su padre había sido vicepresidente de Bolivia y era un hombre de izquierda, era un hombre que había hecho la lucha con los obreros. Y Juan Lechin y yo fuimos muy amigos y aprendimos mucho, estuvimos mucho tiempo leyendo y hacíamos  círculos de lectura.

 

P - Y conociste Lechin ?

 

R - Sí, al viejo lo conocí, claro. Lo conocí, murió hace poco. Es un personaje también interesantísimo, al viejo. Yo recorrí Sudamérica a pie, en autobús, No sé, hace 32, 33 años. Había, ese, dictadura en todos los países, no, y pasé muchos meses recorriendo, pero cuando llegué a Perú estaba Juan, mi amigo, estaba su papá exilado en Perú y había que esconderlo, porque lo iban a matar. Entonces, viví una vida en Perú de esconderme, con, junto con el viejo Lechin, pero ahí tuve la oportunidad de conocerlo y de hablar mucho con él y recuerdo una cosa interesante, que él quería entrar, Juan, mi amigo, quería entrar a Bolivia, pero no podía. Entonces, yo le di mi pasaporte, para que él pudiera entrar a Bolivia. Entonces, yo fingí que me robaron el pasaporte y se lo di para que pudiera entrar. Y luego recibí, cuando ya estaba de vuelta en Venezuela, recibí una carta mía, de alguien que se llamaba Salomón Raydan, con mi pasaporte, desde Bolivia (RISAS). Era la manera de Juan decirme, que había podido entrar al país, no? Fue, ese fue un viaje también extraordinario, conocí toda Sudamérica.

 

P - Mira, ¿eso tenía cuantos anõs?

 

R - Tendría 17 años, 18.

 

P - Ah, mas vamos a hablar disso, embora, vamos construyendo una línea cronológica.

 

R - OK.

 

P - Enton, tú tienes ese momento marcante con su hermano y empezaste a leer y ¿qué se pasa?

 

R - Mi hermano luego se fue, yo me quedé, pero ya en mi casa, mi otro hermano era también de izquierda. El tema político estaba, mi familia, que había sido opuesta a la dictadura, ahora estaba en el poder. Mi tío era un influyente miembro del partido del gobierno, este, y nosotros crecimos rechazando eso, ese poder. Y yo crecí mucho  un una lucha contra, contra en lo que, en esa época, se llamaba Los Adecos y los Copeyanos que era una, los que gobernaban el país. Tuve mucha militancia dentro de la izquierda, en la universidad, pero aun antes de la universidad, en el colegio ya. Estudiábamos en un colegio que era también  dirigido por un ex-militar. Era un colegio muy represivo, no había centros de estudiantes, los estudiante no tenían el derecho a voz ni a voto, no había nada de eso. Y nosotros construimos, este amigo Juan Lechin y yo, construimos el primero centro de estudiantes. No podíamos hacerlo muy político, porque no nos hubieran dejado, pero lo hicimos deportivo, y lo hicimos de reflexión, de estudios. Y bueno, ahí se agruparon gente que todavía siguen siendo mis amigos. O sea, eso era el cuarto año del bachirelato, más o menos, por esa, por esa época. Y siempre estuvo el tema intelectual allí. Siempre leíamos, siempre comentábamos libros. En esa época apareció el amor de mi vida, que todavía es mi amor, mi esposa.

 

P - Ah, sí?

 

R - Sí. Tenía 16 años cuando eso y era mi prima, pero, pero yo no la conocía mucho. Fue a vivir en Caracas y empezó a vivir en la misma cuadra donde yo vivía. Yo era muy rebelde, me vestía con pijamas, todo el día, tenía el pelo así, era muy, muy rebelde. Y ella era una persona muy linda,  todavía es así, es una persona, no puedo decir su edad, porque no puedo (RISAS), es un secreto, pero es una persona que tiene un cuerpo extraordinariamente hermoso, porque hace mucho ejercicio y se cuida, siempre está bien. Y era una persona muy linda, y contrastaba mucho, una niña que venía de una familia con dinero, este, bonita, con un tipo que andaba todo el día peludo y muy hippie, no. Pero, ahí la conocí y desde esa época empecé a salir con ella y, bueno.

 

P - ¿Cuál el nombre de ella?

 

R - Naila, Naila Raydan, también es Raydan, es mi prima, mi padre y su padre eran hermanos. Y bueno, ahora tenemos tres hijos, ya grandes, no?

 

P - Grandes?

 

R - Bueno, uno de 22, una de 20 y un niño pequeño de nueve, que tuvimos después de casi 11 años, no, pero también fue algo transcendental en mi vida, conocer a Naila. Era un ser y sigue siendo un ser generoso, un ser muy abierto, muy libere, una persona que tiene como principio ser feliz y eso es muy agradable. Y bueno, también eran los contrastes. Mi padre era el pobre de la familia, su padre era el rico de la familia (RISAS), y al principio fue muy duro. Yo siento que ella representaba esa burguesía con la cual yo peleaba, pero con la cual amaba también (RISAS).

 

P - Pero te despertaste la pasión, pero no era su novia todavía.

 

R - Sí, sí, sí. Fue mi novia muy temprano. Desde los 16 años, empezamos a salir.

Ella le sedujo mi manera distinta de ser, a los muchachos con que ella estaba acostumbrada a salir. Y a mí me sedujo también, que fuese una persona tan generosa y tan dulce y tan abierta, a pesar de venir, a pesar de ser de la burguesía. Era encantadora, a pesar de ser de la burguesía. Bueno, una cosa que recuerdo con, con mi amigo Juan Lechin y Naila, es que en un momento pensamos hacer entrenamiento de guerrilleros, afortunadamente nunca fuimos, no, pero todavía habían reminiscencias, y ya la guerrilla había sido derrotada en Venezuela, pero todavía había algunos focos y mi amigo Juan, estaba vinculado a grupos más radicales. Y en algún momento, fuimos postulados para ser entrenados, como, como militantes, no, pero al final eso no se dio, no se, no se pudo hacer, sin embrago, fue una. Yo tenía mucho miedo de ir, pero iba a ir. Y el día antes de ir, cuando ya estábamos listo para, para ir al entrenamiento, secuestraron a una persona en Venezuela y hubo mucha movilización militar y, bueno, no pudimos ir. Y luego ya nunca me interesó, pero estuve muy cerca de que fuéramos.

 

P - Sí, para la selva?

 

R - Para la selva, sí. Bueno, con Juan. Juan, Naila y yo hicimos un, una amistad, aparte que era mi novia, también fuimos muy amigos. Juan se fue a vivir a Perú luego. Yo me quedé en Venezuela. Empecé a estudiar filosofía en la universidad y me mezclé con un grupo de gente muy interesante, pero que no era de izquierda. el tema político no les interesaba, les interesaba pensadores de otros tipos, les interesaba... No estaban en el tema político y yo era marxicista,  y el marxicismo era,  pues otros,  pensador, mas no era el único pensador. Y para mí fue chocante llegar a pensar que alguien no amara a Marx, o que no conociera Marx, o que no lo considerara el gran pensador. Y fue, fue duro aprender otros pensadores, y ver que Marx fue un tipo que pensó muchas cosas y muchas cosas malas, mal pensadas, como filósofo no era tan profundo, como economista tampoco, pero, este, encontrar eso después que has crecido en una doctrina es difícil, fue chocante. Entonces, encontré un grupo de gente que era libre pensadora, no era marxicista, pero que eran pensadores, eran intelectuales. Había un profesor colombiano, un ex-jesuíta, que también tuvo mucha influencia en mí, que todavía me escribo, vive en Bogotá.

 

P - Sí, cómo se llama?

 

R - Se llama Jorge Díaz. Era un profesor que había estudiado mucha a__________ y a __________ y produjo mucha influencia a mí, porque salí del pensamiento político al pensamiento filosófico y me dediqué a estudiar ________, mucho. De hecho hice mi tesis de grado sobre _________. Pero cuando estaba en el medio de la universidad, contaba como en tercer año o cuarto año de la universidad, me aburrí mucho y quise viajar.

 

P - Ah, sí. Salomón, vamos a  hablar un poco, entón, del viaje, porque uno de los temas de la entrevista, de toda, es la integración latinoamericana. Entón en su viaje poderemos entender un poco como todo eso se pasa y ¿tú ya tenías salido antes de Venezuela o no?

 

R - Solamente a Brasil, en la frontera, una cosa muy corta. Solamente fui a la frontera con Brasil, fue la primera vez que salí de Venezuela.

 

P - Sí, mas la frontera es la misma, es la selva.

 

R - Sí. Prácticamente lo mismo, pero Boa Vista, que está como a dos horas o tres horas de la frontera venezolana, no, pero lo hice por tierra. Pasé meses, porque no había carreteras todavía. La carretera se estaba construyendo y no había puentes. Entonces, pasé, no meses, pasé como un mes viajando en una zona que es preciosa, el cruce entre Venezuela y Brasil, por la Gran Sabana, es una cosa hermosa, hermosa.

 

P - Ah, Gran Sabana?.

 

R - Sí. Y, en ese tiempo, pues, era mucho más difícil, porque las carreteras no estaban construidas, pero ahí empecé a tener gusto por viajar, por ver otros mundos. Mi amigo Juan, él fue primero a Brasil, a Boa Vista, y se enamoró de una chica. Y entonces, me invitó a ir después a ver esa chica, ¿no? No recuerdo el nombre de la chica, pero fue un nombre que oímos mucho, porque él hablaba mucho de ella. Entonces, fuimos a verla y hicimos eses viaje para que Juan viera a su amiga. Y él la vio un día, dos días y luego no, nos regresamos, no, pero ella era la excusa. Pero me, ya inclusive Juan, no era un tipo metido en el dogma marxicista, sino que estaba leyendo poesía, y estaba leyendo filosofía, y estaba leyendo otras cosas y yo también, por supuesto, Se volvimos y yo, Juan se fue ya, y yo quería viajar. Y la historia del viaje es  muy simpática, porque yo no tenía dinero para poder hacer el viaje y mis padres tampoco. Entonces, Naila, mi esposa, que la que ahora es mi esposa, era mi novia, ella trabajaba. Y me dio su sueldo, su salario, para que yo viajara.

 

P - ¿Sí?

 

R - Pero, no era suficiente y yo tenía un trabajo los domingos, en una cosa que se llama Las Carreras de Caballos, no, y las carreras de caballo la gente apuesta. Y yo trabajaba picándolos, los papeles, para ponerlos en distintos sitios, ¿no? Y llegó a última hora, llegó una persona, que tenía dos caballos, que era muy difícil que estos caballos ganaran, muy difícil, porque no eran favoritos, y yo vi los nombres, y el dinero que tenía me fui y lo aposté.

 

P - ¿Todo lo dinero?

 

R - Todo el dinero. Lo aposté en el hipódromo. Cuando íbamos para el hipódromo, había mucho tráfico y no pudimos llegar a la primera carrera. Y la primera carrera, el caballo que yo iba a apostar, perdió. La segunda, yo aposté y gané y con ese dinero pude viajar al sur.

 

P - ¿Era mucha plata?

 

R - Sería unos tres mil dólares, tal vez. Eso calculo, que era unos tres mil dólares, no lo recuerdo bien. Pero con eso salí desde Venezuela y llegué a Chile y a Argentina.

 

P - Sí, mas el primer país que tú.

 

R - Primero visité Colombia.

 

P - Colombia.

 

R - Ah, Colombia fue interesante, porque había una chica que me gustaba mucho, colombiana, no, venezolana que estaba en Colombia, pero estaba en la casa del ministro, del ministro de defensa colombiano.

 

P - ¿Defensa? (RISAS)

 

R - Sí. Y yo así, pues, era muy difícil visitar a esa chica, sin embargo ya logré ver en Bogotá un día, ¿no? Pero ya este tiempo, yo estudiaba dos carreras. Estudié ciencias políticas y filosofía. Y tenía un grupo de ciencias políticas, gente que también estaba. Dentro de ella tenía una persona que aun quiero mucho, María, María Nevett, se llamaba. Y María era de la gente muy rica de Caracas. Y ella iba a ir a Buenos Aires, pero no creía que yo podía llegar a Buenos Aires. Entonces, hicimos una apuesta. Apostamos que si yo llegaba a Buenos Aires, ella me iba a dar un día de rico, en Buenos Aires. Y me pareció una apuesta muy interesante. Y entonces, empecé mi viaje, ¿no? Primero fui a Colombia. En Colombia, de ida, no estuve mucho tiempo, pero luego de regreso sí, me quedé un tiempo. Luego nos fuimos a Ecuador, me sorprendió la pobreza en Ecuador, me sorprendió fuertemente. Pasé, por supuesto, yo no tenía dinero, llegaba a sitios muy, muy pobres. Me pareció, no había visto poblaciones indígenas, no había visto pobreza indígena y Ecuador fue al principio muy chocante, muy fuerte. Tampoco me sentí a gusto, porque no, estaba muy cansado, tenía, estaba enfermo, no tenía dinero y encontrar aquella gente, no era amable, pero, no era abierta como nosotros, los caribeños, que somos mucho más abiertos. Encontrar aquella gente, estaba toda cerrada y tenía miedo, la gente se escondía de uno. Claro, yo andaba muy mal vestido, pero, pero eso no lo había en Venezuela, no. En Venezuela la gente, tú le preguntabas algo y te contestaban, yo sentía que el indígena tenía temor de hablar. Me impacto, el temor del indígena, a mí todavía es algo que me, me resulta curioso. Bueno, luego fui a, de Ecuador pasamos a Perú, donde viví toda la aventura con el viejo Lechin. Y fue curioso, porque yo llegué a una estación de buses, en Lima, y me esperaba mi amigo Juan, pero en vez de llevarme en el carro adelante, me metió en la parte de atrás del carro, porque me había, me escondía, porque no podía llegar a la casa de su papá, no podía ser visible. Y en la parte de atrás había un arma. Era muy, estaba, no sabía en que andaba metido, pero bueno, yo confiaba en Juan. Y ahí conocí al viejo Lechin. Un personaje interesante, muy interesante, porque luego en mi vida lo vi otras veces.

 

P - Cómo... Ah, disculpe, sólo cambiar.

 

 P - Enton, Salomón, estaba en el oscuro del carro, detrás de carro con la arma.

 

R - Pero el viejo Lechin era un viejo que le gustaba mucho las mujeres, estaba escondido. Entonces, las mujeres habían que llevarlas escondidas (RISAS). Y recuerdo que si él estaba con una mujer, las persianas estaban cerradas, entonces,  no podíamos entrar en la casa, teníamos que seguir dando vuelta y vuelta, hasta que la persiana se abriera, ¿no? Pero el viejo fue una, un personaje, porque, luego en Venezuela, un día me llama alguien con una voz rara y me dice que necesita hablar conmigo y fue a un parque a reunirme con esa persona. y cuando se sentó al lado, estaba disfrazado, era el viejo Lechin disfrazado, porque siempre se escondía, era un viejo clandestino (RISAS). Pasó la mitad de su vida como clandestino. Entonces, a veces, luego, varias veces, en mi vida lo encontré, la última vez lo vi en Alemania, pero ya le vi como, como el viejo Lechin. Que era un viejo muy simpático, porque era un viejo de izquierda, pero siempre andaba en primera, en primera clase y siempre tenía muy buenos gustos, ¿no? Pero bueno, luego estuvimos ahí en, en, en Perú, y viví el drama de lo que es la, huir de lo, de que alguien te amenaza tu vida. El viejo estaba siempre amenazado. Juan siempre estaba amenazado. Luego pasé de Perú, nos fuimos a Chile, y mi hermano había vivido en Chile y quería unas cartas para unos amigos que él tenía en Santiago. Y yo llevaba las cartas, no, pero en ese momento, todo en Chile era clandestino. Era una dictadura terrible. A las seis de la tarde tenía que irse, porque había toque de queda. Yo llegué a Santiago con un amigo. Cuando llegué a Santiago, llegamos como a las cuatro de la tarde y mi amigo tenía su familia. Estaba de vacaciones en Santiago, era gente de dinero. Y fuimos a la parte norte de Santiago, pensando que nos íbamos a quedar en la casa de su familia, pero luego no quisieron. No nos aceptaron, nos dieron una excusa y nos tuvimos que ir, su familia es su tío, no sus padres, ¿no? Nos tuvimos que ir a recorrer Santiago sin tener donde dormir. Y me acordé de las cartas de  mi hermano y había una dirección donde podíamos ir, que era, no lo recuerdo ahora, pero era un barrio en Santiago. Y nosotros fuimos. Había una situación de pobreza muy fuerte en Chile, en ese tiempo, y una situación militar terrible. Y el toque de queda era a las seis de la tarde y a diez para las seis no teníamos donde dormir. Y no podías estar en la calle. Como a las seis, empezaron disparos, porque hacían disparos para que la gente se metiera en sus casas. Y nosotros llegamos como a las seis y cinco minutos a la casa donde yo tenía la carta, pero ya no tenía donde ir, si no me aceptaban ahí, no sabía que hacer. Y nos metimos a una casa muy pobre, muy pobre, no había ni para el té, en esa casa. Y la gente fue tan amable. Tenía frío, era invierno, tenía mucho frío, estaba muy asustado, estaba muy sólo, era un niño. Y esa gente, pensé que, corría riesgo, porque no, no metiera gente en su casa, porque no sabían si éramos una persona de izquierda o lo que fuera , y en ese momento en Chile eso era un delito. Y nos metió en su casa, y nos dio cobija, una cama, recuerdo, una cama caliente que hacía muchos tiempos que no tenía una cama caliente. Y para mí fue muy impactante que una familia con dinero no te acogió y una familia pobre, sin conocerte, te acogió. Fue, uf, fue muy chocante para mí. Yo no he vuelto a Chile después de eso, pero nunca más quise volver. Chile me, me enfermó, me enfermó lo militar, me enfermo el miedo de la gente en las calles, me enfermo que había una, fui a esquiar, por ejemplo, y había un mundo rico, alegre, de centros comerciales, pero cuando yo iba a dormir allá, era gente triste, con miedo, gente, pero no era pobreza, nada más, era miedo, era tristeza de ver que no puedes decir, no puedes hablar, no puedes expresarte, que cualquiera a la calle te puede agarrar y llevar preso. Ese terror lo viví por primera vez en Chile. Sentí lo que era el terror de los militares y el terror de los gobiernos autoritarios. Y, bueno, me obstinó Chile, no lo aguanté. No aguanté este estado de represión y me separé de mi amigo y me vine para, para Buenos Aires.

 

P - ¿Y Bolivia no?

 

R - Sí, luego fui a Bolivia, luego. Me vine a Buenos Aires, pero crucé por Mendoza. Y cuando estaba pasando, me monté en un bus, para ir a la estación de tren, para venirme hasta Buenos Aires,  y yo me paro a preguntar al chofer del autobús dónde quedaba la estación, y había un milíco ahí, un militar, y me bajó. Y me llevó a la cárcel.

 

P - ¿Por qué?

 

R - Porque le dio la gana. Porque así eran estos gobiernos. Porque así eran. Porque era dictadura. Porque no tenías derecho, aunque fueras lo que fueras. Me tuvo tres días preso.

 

P - ¡Tres días!

 

R - Sin ninguna razón. Sin ninguna razón. Y me interrogaba. Y decía que yo era de la Zurda y yo, pues no, pero nadie sabía donde yo estaba. Podía haber sido otro de los desaparecidos. Y esa idea de que no hay estado de legalidad, me impactó tanto, me impactó que tú pudieras ser arrestado sin ninguna razón. Tres días, que podía haber hecho lo que quisiera conmigo. Yo no, no tenía ningún derecho, a reclamar, a decir, a buscar un juez. No hubo juez, no hubo juicio, no hubo acusación, no hubo nada. Solamente me bajó y me metió preso. Y eso fue de las experiencias más grandes para mí, en ese tiempo, fue ver la dictadura.

 

P - Y, ¿tú estuviste en el cárcel solo o había mucha gente?

 

R - Solo. Solo. Supongo que no era una cárcel, era un retén en una comisaría, pero bueno, yo nunca había estado en ningún sitio preso. Privado de mi libertad, de poder salir y seguir. Que no, yo no hacía nada, simplemente estaba viajando. Recuerdo que me interrogó mucho y de las cosas que. Primero pensó que era de izquierda, como si eso fuera, era un delito, pero era un delito aquí. Y entonces, luego empezó que yo tenía drogas. Yo no tenía drogas, yo había dejado la droga hacía muchos años. Y luego que, había un mercado negro, que yo había cambiado dólares en el mercado negro. Entonces, todo era, cualquier cosa para retenerme ahí, sin ninguna razón, ¿no? Luego me soltó y me vine a Buenos Aires, pero la experiencia de ver que no tienes derechos, eso me chocó. Que cualquier policía, cualquier militar, cualquier autoridad en la calle te baja y te lleva detenido sin ninguna razón, me, me, todavía me parece increíble que eso sucediera. Una historia hermosa es que yo vine a Buenos Aires, porque yo quería conocer a Borges, a Jorge Luis Borges. Y una profesora mía en la universidad en Venezuela me había conseguido una cita con Borges.

 

P - ¿Sí?

 

R - Sí. Y yo planifiqué todo para poder ir a ver a Borges ese día, pero ese día encontré una chica (RISAS), tenía mucho tiempo sin chicas y no fui a conocer a Borges por la chica. Y luego, años después, le escribí una carta diciéndole que él tenía que entender que entre sus entretejer naderías y tener una chica, era mucho más apetitoso la chica. Ahora me arrepiento, me hubiera gustado mucho conocer a Borges, porque fue alguien que siempre, bueno, siempre lo aprecié mucho, fui un lector de Borges por muchos años, con mucha pasión. Y cuando Borges murió, yo escribí un artículo en la prensa, sobre las cosas que le hubiera preguntado yo a Borges, en ese momento. Y me hubiera encantado conocerlo, era un hombre tan, que maravilla de imaginación, que. Y aprendí a distinguir mucho, que su conducta política tal vez era muy, terrible, pero era un gran escritor, nos gustara o no gustara. Era un gran talento, era un genio.

 

P - Un genio.

 

R - Sí. Y hoy yo todavía siento que de los escritores que más me ha influenciado en mi vida, fue Borges, ¿no?  Bueno, pero una cosa importante también en Buenos Aires, que encontré a mi amiga.

 

P- Ah, sí.

 

R - Y me dio un día de ricos. Me pagó todo. Me llevó a pasear, restaurantes caros, comí comida como muy buena, después de mucho. Y eso me encantó, ver los contrastes que había entre la vida de rico y la vida de pobre, no, pero claro, cuando lo hace por poco tiempo. Fue, fue, todo el viaje a Sudamérica fue un contraste entre estar en situaciones muy miserables y en situaciones de mucho privilegio, porque, por ejemplo, cuando llegué a esa casa en Chile, que aun ahora, era muy pobre, pero fue un gran privilegio. Fue, ser acogido, estar caliente. Luego me pasó en Ecuador también. En Ecuador llegué muy enfermo y tenía mucho frío, había mucho frío. Los venezolanos no estamos acostumbrados con el frío. Y no tenía para ir a un hotel, pero el chofer de mi amigo que viajaba conmigo, era ecuatoriano, y tenía una hermana en, en, en Ecuador y nos dio la dirección de esta hermana. Y llegué a la casa de esta gente, también muy pobre, pero era una sensación de que te amaban, de, de sólo llegar y yo llegué con fiebre, y la señora tenía un hijo que se llamaba Salomón, como yo. Y la señora me acostó en una cama muy tibia, y empezó a hacerme cariño. Puf, tenía meses viajando, meses de soledad, cuando esa señora, me empezó a hacer cariño lo que hice fue llorar y llorar, no sabía ni porque, pero fue un absoluto privilegio, una belleza de Dios que yo estuviera ahí (LLORO)

 

P - Sí, un gran privilegio de estar ahí.

 

R - Claro, era gente muy pobre, muy, muy pobre, pero era gente muy amable. Así, entonces, no era importante el tema de cuanto dinero era, era cuan feliz podía ser, aun en la pobreza, ¿no? Todo este viaje fue de contraste, fue un, tal vez la experiencia más rica de mi vida, fue ese tiempo.

 

P - Y Salomón, ¿qué le enseño este viaje?

 

R - Entre otras cosas me enseño que no somos tan iguales, los latinos, que tenemos cosas parecidas, pero no es igual. Yo siento que los caribeños, somos un poco distintos. En Bolivia me pasó también una escena que, estaba cruzando la frontera y el tren se detenía, para revisar a la gente. Y bajaron a un indígena, un militar, y lo vejó, lo maltrató, porque era indígena, no había ninguna otra razón. Le dijo de todo, lo insultó, le pegó. Y yo me bajé del tren, porque yo, bueno. Y sentí que un caribeño no le puedes hacer eso. No puedes. Tal vez se deja pegar, porque no tiene otro remedio, pero luego te matan. Esa capacidad del indígena de soportar me impactó mucho y me hizo ver que, Dios, es un pueblo que ha sido tan reprimido, que ha desarrollado una capacidad insólita de aguantar. Insólita, insólita, o sea, no me imagino un venezolano, aun con miedo de que lo maten, que pueda soportar un vejamen sin ninguna razón así. No lo hace ni mejor ni peor, no digo eso, hace que tenemos capacidad distinta para soportar y posiblemente, va a haber cosas, en donde esa capacidad de soportar va a ser útil y va a haber momentos en que no. Y eso no nos hace ni mejor ni peor, es simplemente, somos culturas bien distintas.  Yo vengo de un país americanizado, de un país de gringos, un país de, de , de alharaca americana. Haber visto los pueblos indígenas fue, no sólo fue fuerte, fue entender que no somos tan iguales. No sólo los indígenas, lo puedo decir también de la sensación que puedes tener en Buenos Aires. No así,  tanto con  los colombianos. Yo siento que cubanos, colombianos, la gente de la República Dominicana, los caribeños, somos bastante más parecidos. En ese momento pensé y sigo pensando que la integración siempre va a ser muy compleja. No sé cuan útil pueda ser, no lo sé. No siento que el esfuerzo de unir América Latina sea, tenga que hacerse más, que el esfuerzo de unir a, a unirnos a cualquier parte del mundo también.

 

P - Sí, sí.

 

R - Aprendí mucho que los nacionalismos también son insensatos y que mucho político nacionalista, que aparenta a buscar la integración, en el  fondo está forzando cosas que no necesariamente tenemos que hacer. Hay muchas maneras de integrarse, la integración económica. Sí, esas son cosas que van sucediendo y que el mismo comercio lo va logrando, es la misma relación en, en las fronteras nuestras y un intercambio comercial muy grande siempre. La integración cultural no, es el respeto cultural lo que tenemos que tener. Somos lo que somos, cada uno. Somos pueblos distintos, como bien Brasil también y somos, tal vez, muy parecidos en muchas cosas, pero muy distintos en otras y esas riquezas, de la diversidad, es tremendamente bienvenida. El viaje a Sudamérica fue un viaje de ver diversidad, de ver contrastes, de ver, de ver, de que ese contraste enriquece y no empobrece, esto es como la lucha que hay ahora por la inmigración en Europa. ¿Qué país del mundo se ha hecho más pobre porque haya inmigrantes? Todos se han hecho más ricos, todos han tenido mayor riqueza, económica también, eso es una torpeza.

 

P - Sí, sí.

 

R - Es una torpeza de los pueblos. Los gringos ahora, que van a construir un muro en México. Cosa estúpida esa. ¿Cuánto ha beneficiado a los Estados Unidos la inmigración latina? ¿Cuánto nos benefició a nosotros la inmigración europea en Venezuela? Mucho. Somos un país, lo que somos, por esa inmigración europea, que fue buena. Y también la sudamericana, también fue buena. Yo no conozco ningún país del mundo, ninguna cultura, que haya empobrecido porque haya habido inmigración. Esto es mentira, todos los pueblos han enriquecido con inmigración. Que algunos privilegios hay que dejar, pero bueno, la riqueza cultural, la riqueza económica que viene, porque es gente que viene a trabajar. Vienen algunos otros problemas, por supuesto, que sería tonto negar, pero a la larga, cuando uno ve la historia y ve los periodos de tiempo largos, estos tiempos enriquecieron a los países, no los empobrecieron.

 

P - Salomón, ¿tú vuelve para Caracas, de la misma manera, por la carretera?

 

R - Sí. Vuelvo para Caracas, vuelvo por Lima, Ecuador y luego me fui a Bogotá, y luego sí me quedé en Bogotá unos días. En otra historia interesante, porque mi amigo, salimos tres de Venezuela. Uno se quedó en Perú y se regresó a Bogotá, porque se enamoró de una prostituta. Entonces, era un poeta, es un poeta venezolano, Miguel Marquez, todavía muy querido para mí. Se enamoró de una mujer de la calle, en Bogotá. Entonces, él se regresó a Bogotá y se puso a vivir con ella. Y cuando nosotros regresamos lo encontramos viviendo con ella. Y pasó como un año o unos meses, viviendo con ella. Y era muy chocante ver que tu amigo poeta salía que salía a trabajar en las noches y regresaba para (RISAS), para traer el dinero, ¿no? Pero creo que Miguel aprendió mucho a escribir después de eso. Es un gran poeta ahora. Bueno, luego de Bogotá volví a Caracas, había prácticamente perdido el año en la universidad, porque llegué muy tarde. Y pensé en abandonar la carrera de filosofía ya, porque sentía que no iba a poder, pero este profesor, Jorge Diaz, insistió mucho en que tratara y tratara y luego logré, logré de sacar el año y graduarme en la universidad, ¿no? Después me fui a Europa, inmediatamente después, me fui a vivir en Europa. Me fui a estudiar en Inglaterra.

 

P - Ah, en Inglaterra, ¿cuántos años?

 

R - Pasé como seis años en Inglaterra.

 

P - ¿Seis años?

 

R - Cinco o seis años, sí, cinco años estuve en Inglaterra.

 

P - ¿Y por qué Inglaterra?

 

R - Por qué, porque no es Estados Unidos y yo le tenía cierta repulsión a los gringos. En realidad, quería ir a Francia, pero luego una chica, se fue a Londres (RISAS) y bueno, quería ir a Londres también, ¿no? Donde fue otro mundo, mundo de rock, música, fútbol. Una, una... Estudié mucho también, pero el estudio ya no era. Empecé a divertirme, empecé a, que me gusta la música, que nunca me gustó. Empecé a salir de los libros también y a ver el mundo por lados, el lado del arte o por el lado de la música, que vivir en Inglaterra es prácticamente obligado que te guste la música, ¿no? Y fue en, en Inglaterra encontré gente que ya no era de izquierda, tampoco era intelectual, era gente que le gustaba divertirse y para mí era extraño, que le gustara ir a bailar o que le gustara reunir a tomar, yo nunca tomé, todavía no tomo. Pero este mundo es gente que quiere, que es más, ah, bueno, más apegado al_______, al _________, al deseo de, de disfrutar la vida. Eso fue algo extraño en Londres. Y, por ejemplo, vestirse bien, que nunca lo había hecho. Me compré unos zapatos amarrillos y unos zapatos rojos. Y me vestía bonito. Nunca, solamente ese periodo de mi vida, muy corto, empecé a apreciar, por ejemplo, ir a comprar cosas. Nunca había hecho eso.

 

P - ¿Y tú vivía en Londres?

 

R - Vivía en Londres.

 

P - ¿Y era o qué, un postgrado que hacía?

 

R - Sí. Hacía un postgrado en sociología política,  en el  London School of Econimics. Lo hice mi postgrado. Pero el estudio no era importante, era importante vivir en Londres, era importante disfrutar Europa. Viajé mucho. Ya era en, Venezuela era muy rica, igual que ahora, era muy rica y los dólares nuestros rendían mucho. A pesar que yo venía de una familia relativamente pobre  o, bueno, no pobre, pero una familia con niveles de ingreso bajo. Yo podía vivir en Londres, porque teníamos mucho, mucho dinero. Y bueno, viví una vida muy divertida. Ahí aprendí también en Londres, hubo mucho un cambio hacia la necesidad de cuidarse, físicamente. Rebajé mucho, empecé a hacer deporte, desde esa época para acá, todavía hago deporte. Mi mujer se volvió una, una adicta al deporte, mi mujer es una deportista completa. Y bueno, este, maduré mucho en Inglaterra.

 

P - ¿Y tú estabas casado en Inglaterra?

 

R - Yo vivía con ella. En realidad, nos casamos en un secreto, pero en algún momento nos casamos, porque yo no tenía dinero para poder pagar un full time en la universidad Y solamente si estaba casado podía quedarme. Y entonces, nos casamos en algún momento. Luego, luego lo contamos, pero después que nos habíamos casado, realmente, en Venezuela, no, pero legalmente me casé en Inglaterra. Hace ya no sé cuantos años, no recuerdo ni cuando fue, porque fue solamente una cosa para poder quedarme en Inglaterra.

 

P - Y Salomón, ¿en que momento de su vida se aparece la idea de su proyecto?

 

R - Bueno, yo siempre estuve vinculado al tema social. Siempre me interesó, desde chico, cuando estaba muy militante en izquierda, trabajaba en los barrios en Caracas. Luego regresé y me volví un empresario, del campo, y tenía muchos obreros que trabajaban conmigo.

 

P - Empresário de campo em que?

 

R - Cuando regresé a Venezuela, después que pasé dos años en Inglaterra, empecé a trabajar en un instituto de crédito del Estado, fue un tiempo muy corto, pero empecé a oír sobre el tema de crédito, eso era una cosa que yo no había entendido muy bien. Luego yo me fui, cuando me casé con mi esposa, su padre tenía una finca, una hacienda muy grande, y nos hicimos sócios en la hacienda. Yo pasé muchos años como empresario en el campo.

 

P - Ah, sí.

 

R - Pero luego de que estaba allí y, bueno, obviamente siempre habían muchos contrastes en esa zona. Hay una zona indígena ahí de mucha pobreza. Y ese tema siempre, siempre estuvo presente, desde mi padre, que era un tipo que trabajó con indígenas en la Amazona, que estuvo muy, bueno, siempre, siempre el tema de la desigualdad estuvo presente en mi familia. Cuando, cuando volví, que era un empresario del campo, empecé a darme cuenta que no era posible seguir siendo un empresario y nada más, sin ser política, porque siempre perdíamos, siempre teníamos malos precios, siempre la agroindustria nos maltrataba, siempre, siempre una angustia, siempre una pelea contra un gobierno que quieres que tú vendas las cosas muy baratas para poder alimentar a la gente. Y una agroindustria que también quiere comprarte cosas muy baratas para poder vender sus productos masivos, pero el agricultor siempre está en la peor situación. Entonces, creamos un movimiento político, que se llamaba, é, no recuerdo ahora, pero era un movimiento agrario y yo era el presidente de una de las, de las organizaciones y intentamos llevar gente al Congreso de la República, para tratar de, de, bueno de obtener mejores, mejores precios, mejor situación dentro de, de lo que ser un empresario del campo. Y perdimos, no logramos llevar un ahí en Congreso, pero un amigo quedó el presidente de un instituto de crédito del Estado, y me pidió que le ayudara, porque entendía mi gusto por el tema social, a diseñar un modelo de crédito para campesinos, y empecé a estudiar el tema y a darme cuenta que había muchos modelos muy injustos, muy malos, muy mal diseñados. Pero en ese tiempo, entonces, empecé a estudiar y a tratar de conocer experiencias y descubrir la de Yunnus, en el Graneen Bank en Blangladesh, que también es un Fellows Ashoka, sí. Yunnus Me impactó, me impactó el modelo, no había oído hablar de micro crédito nunca, no sabía el poder que tenía el micro crédito para ayudar a reducir la pobreza, no lo había visto. Entonces, pasé un tiempo estudiando, también estudié mucho las comunidades, que hacián, y en realidad, me di cuenta que hay muchos mecanismos informales, dentro de las comunidades, y mucha, dentro de tú país y en mi país. Y luego estudiando en Europa, replicando este modelo en España, en comunidades de inmigrantes, me di cuenta que también los africanos tienen los mismos mecanismos. Mecanismos de crédito, que son informales dentro de la comunidad. Entonces, fui y aprendí también un modelo en Centroamérica, de bancos comunales, que lo había impulsado finca, en Centroamérica. Y yo, con ese modelo en la cabeza, empecé a diseñar para Venezuela. Y empezamos a probar y al principio no funcionó, porque el dinero era del Estado. La idea era, que debíamos, el modelo de banco comunales, de finca, en ese momento y de finca internacional, era crear una organización en la comunidad, a la cual se le prestara dinero, para que lo prestara, ¿comprendes? Ese era un banco comunitario que recibía dinero, o bien de los bancos privados o bien del Estado, para que los prestara entre su gente. Cuando empezamos a arrancar ese modelo, el dinero que debía venir del Estado, no venía, se tardaba mucho. Y yo decidí empezar con el dinero de la gente. Y empezamos, con muy poco, pero la cosa empezó a funcionar.

 

P - ¿Esto estamos hablando de que año?

 

R - Huí, 95, 94, por ahí, 96, no recuerdo. Empezamos a hacer esto y formamos un primero grupo con dinero de ellos. Y funcionó unos meses. Luego cuando vino el dinero del Estado, hubo peleas entre ellos, hubo discusiones, la morosidad aumentó. Y yo empecé a ver, esto que no funciona muy bien. Y luego probamos en una otra comunidad y pasó lo mismo. Hasta que llegué a darme cuenta que en las comunidades hay un equilibrio, entre oferta y demanda de crédito, que en las comunidades hay mecanismos de crédito que operan, porque hay dinero, aunque no lo veamos. Y entonces, en un momento decidí que, bueno, decidí yo sólo no, siempre tú haces eso con un equipo de gente que te están, que ven, que están trabajando contigo, que ven los problemas, que,  que tal si probamos sin dinero de afuera, solamente con dinero de la gente. Y fue así, fue simplemente evidenciar que había capital suficiente, como para que muchas de las actividades de la comunidad se financiara, con dinero de tú vecino. Y fue un descubrimiento maravilloso, porque ya no teníamos que esperar conseguir tantas cantidades de dinero para empezar un programa. No teníamos que, que  tampoco que estar vigilando que "cual es la morosidad, cómo es la tasa, tal". Y fui trabajando sobre ese modelo. Yo digo mucho que Yunnus descubrió al mundo, que los pobres eran financiables y nosotros, mucha gente involucrada en eso, hemos descubierto que los pobres son autofinanciadles. Hasta un gran, hasta un, un extenso nivel de la demanda local. El otro tema era que los, siempre la, los programas de crédito con dinero de afuera, van divididos en actividades empresariales, pero en una comunidad hay mucho más que empresarios, hay necesidades de muchos tipos, la gente necesita de muchas cosas y necesita capital para esas cosas, que no son necesariamente productivas. Entonces, ¿por qué financiar sólo lo productivo? ¿Por qué no financiar otras cosas que la gente necesita? Y este mecanismo, como no era dinero de nadie, sino de la propia gente, la propia gente entiende que tu vecino necesita una cosa en un momento, que a lo mejor no es productiva, a lo mejor comprar una medicina, o pagar algo, que el dinero no lo tienen en ese momento. Tal vez en un tiempo lo tendrá, pero en ese momento no. Entonces, fue maravilloso ver que aun, con dinero local, podrías financiar muchas actividades, entre ellos mismos. Es un, es una cosa muy simple, muy, muy simple. Es, tú pones, tú pones, ellos lo han hecho toda la vida, porque estos mecanismos existen, solamente que son mucho, muy inseguros, que no son, no están bien diseñados. Yo lo que hice fue recoger  eso de rediseñarlo, hacer algo mucho más seguro y hacerles algo mucho más rentable, porque la mayoría de esos mecanismo no, no tienen conceptos económicos y no hace que la gente rinda su dinero, sino que lo deprecie, lo pierda. También me di cuenta de que cuando tú llegas a una comunidad con dinero, puedes crear una distorsión y empobrecer a la gente, no ayudarlas a salir de la pobreza. los programas de crédito son muy delicados, porque poden llevarte a mejorar o pueden llevarte a empeorar, tienes que diseñar muy bien, para que puedas, realmente, hacer que la gente mejore su nivel de vida. Y sentí que ese mecanismo era muy efectivo, para lograrlo. Lo empecé a veer, lo empecé a veer, lo empecé a veer, porque yo siempre digo que el tema de un emprendedor. Un emprendedor no es un inventor, no es que tiene una idea, las ideas siempre están allí. Lo que tienes es trabajo para ordenar esa idea. Para sistematizarla, para hacerla un modelo, para replicarla, para llevarla a mucha otra gente. Ese es el trabajo de un emprendedor, no es sólo tener una innovación, porque innovadores hay muchos, inventores hay muchos, emprendedores hay pocos y eso fue un poco la. Llegué allí por eso, llegué de ver, de escuchar. Un emprendedor siempre tiene que estar oyendo a la gente, de ver, realmente, cuales eran los mecanismos que operaban en la comunidad. Y ahora, ya tenemos un modelo muy desarrollado.

 

P - Salomón, ¿tú podría contar, como ejemplo de algunos éxitos, de ese impacto en la vida de las personas?

 

R - Claro. En micro crédito hay miles de ejemplos. Sería tonto repetirte ejemplos, ejemplos, ejemplos, pero te cuento algo que me hizo ver la diferencia de lo que nosotros hacemos. Un primero fue una indígena, que pidió un crédito para comprar una lavadora.  ¿Sabes lo que es lavadora?

 

P - Sí.

 

R - Las máquinas que lavan las ropas. En ese tiempo teníamos todavía un programa con el, este, organismo de, de micro crédito del Estado. Y la gente se molestó, las autoridades, el ministro, cómo le dábamos crédito a alguien por una lavadora y no para la agricultura. Él se puso molesto, que por qué estábamos usando dinero del Estado, para darle crédito a una mujer para una lavadora, si lo que debía ser era para sembrar el maíz, o para sembrar yuca, para sembrar. Y yo había oído a la mujer, cuando pidió el crédito para la lavadora, yo la había oído y sabía por qué lo pedía. Ella lo pedía porque tenía muchos años lavando a mano y porque eso era mejorar su calidad de vida. Y porque con eso, ella iba a poder lavar ropa de otra gente y ganar dinero. Pero no, el ministro no lo veía, y fuimos. Y ella le dijo: "Porque tengo 50 años lavando a mano." Y además sentí, porque tenía derecho a tener una lavadora. Yo no tengo derecho a llegarle a decir "qué debes hacer con tú dinero", no tengo ese derecho. Tú debes hacer, sembrar esto o comprar esto o producir esto, ¿no? Si es un ser humano, que ha vivido durante toda su vida en un régimen capitalista, que ha sobrevivido en ese régimen con muy poco y tiene criterio para escoger qué debe hacer. Ese respeto a las personas es la base de nuestra metodología, respetar las decisiones de la gente, no sólo en qué invierte su dinero, sino cuánto y cómo y dónde. Eso nos enseño mucho. Ese es un ejemplo.

 

P - Muy saboroso ese exemplo?

 

R - Hum?

 

P - Muy interessante.

 

R - Claro

 

P - Cuéntenos uno más. Si tienes miles.

 

R - Cuento otro, de lo que es ser nosotros diferentes, porque somos diferentes. Eso es un elemento. Otro elemento importante es, cuando la gente entiende que el dinero es de ellos. Hace muy poco, este año, en Venezuela la inflación bajó. Yo no soy dueño de los bancos comunales nuestros, no soy dueño de nuestro banco comunal, lo llamamos Banco Comunal, con K, para diferenciarlo de otros bancos comunales. Pero si la inflación baja, tú le recomiendas. Yo les pasé una carta, recomendándoles que debían que bajar las tasas de interés, porque era, bueno, había bajado. Entonces, fui a las comunidades a hablar con la gente. Y cuando estuve ahí es que la gente te dice: "Oye...

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